
Transcribo a continuación el relato de los tristes acontecimientos que se sucedieron en el inicio del siglo XXI que, Alberto de Mellanosporum, antiguo inspector de la guía Estrellín, me transmitió a mí, su discípulo, Crispín Bombay de las Indias y Tanqueray, en el lecho de muerte.
“El cónclave se celebró en el año de Dios del 2009, en el barrio del Trastévere, en Roma, cerca del Castello de Sant’Angelo. Los masones llegaron poco a poco y se reunieron en una mesa repleta de burratta, bresaola y pizza. No faltaba ninguno de los miembros de las principales familias gastronómicas: la Estrellín, Madridpolis, o las guías Octanos y Tragontour. Tampoco se lo perdieron los críticos gastronómicos de los que recuerdo que, con gesto adusto, probaban con hambre atrasada y gesto a la par satisfecho y circunspecto la chacina.
El albino que oficiaba como maestro de ceremonias sacudió por tres veces el mortero, clac-clac-clac. De su capucha sólo se apreciaban sus ojos azules brillantes, el orden del día era sencillo, tan sólo una frase de tres palabras: dominemos el mundo. Dominemos el mundo, repitió el maestresala de la logia y en un cronograma empezó a pintar el flujo de hechos que cambiaron la historia.
El plan era sencillo y avieso: los masones de la Estrellín empezarían por publicar una guía subversiva en la que tomaría partido por determinadas regiones europeas sin otro criterio que el apoyar ciudades concretas. La Madridpolis sin embargo saldría defendiendo el producto, sin criterio geográfico alguno, con especial énfasis en la trucha y el cordero. La Tragontour se decantó por restaurantes que defendieran una componente intelectual en su propuesta -en su particular manera de interpretar la intelectualidad, claro-. La guía Octanos no fue capaz de definir criterio alguno –su propia confusión se lo impidió- pero creó un factor entrópico que fue el principal catalizador de los desastrosos hechos que contribuyeron a la destrucción de occidente.
La dispersión en la información fue devastadora y el mercado gastronómico empezó a generar desconfianza en los compradores. El principal mercado secundario europeo, el de la volatería, sufrió importantes tensiones. Así, el inversor, guiado por la Estrellín, tomó partido por el pichón francés, registrándose diferenciales de casi 200 puntos básicos respecto al pichón de Navaz. De nada valió que Pepe Juan Chapucero, el primer ministro español, convocara una rueda de prensa, expresando su confianza en la finura del ave española, “nuestro producto es el mejor del mundo”, dijo, brindando con la prensa con una copa de crianza Ribera del Huécar. Pero ya nada podía parar al inversor, aterrado ante tanta información enfrentada"
“El resto es bien sabido”. Alberto de Mellanosporum escupió sangre y ginebra en su cama mientras recordaba los lamentables hechos que acaecieron en marzo del 2011. "La masonería gastronómica perdió el control de la situación. Los gastrobares, los restaurantes de fusión, las vieiras, los ceviches y las cocciones cortas se hicieron con el mundo. Se dejaron de utilizar conservantes y en Londres se gestó el virus del dim sum creativo. El virus se transmitió por Europa, primero cayó Irlanda, luego Portugal y a continuación España, después Bélgica, Italia, el este de Europa y finalmente Francia y Alemania. No fue sino en el año 2014, en el Gran Incendio Europeo, cuando se quemaron todas las existencias de pasta wanton y ají amarillo y la pandemia se detuvo. Fue tarde, a estas alturas la anarquía campaba a sus anchas".
“¡Perdonadme, perdonadme!”, el inspector castellano clavó su mirada en mí en su lecho suplicándome comprensión y perdón y finalmente falleció entre espasmos de remordimiento. Según sus deseos fue confitado, braseado, y finalmente enterrado en la tercera planta del parking del antiguo mercado de Chamartín, junto a los cubos de basura, cuentan las malas lenguas que lugar habitual de estraperlo.
Hoy los gastrónomos, proscritos, se reúnen en catacumbas y asan gatos en fuegos avivados con maderas que roban en los edificios en construcción. Se oye hablar del rumor de que circula entre ellos una guía de la Tragontour del 2009, que adoran como una Biblia y que fue prohibida por la Única Ministra Europea, por subversiva. De tanto en tanto surgen rumores sobre la llegada de una trufa, un vino antiguo de Borgoña o una becada. Son casi siempre un cebo policial; todavía así ellos acuden como zombies desesperados por una novedad, deseando ponerle nota a un restaurante, escribir una crónica en un blog; añorando un pasado que recuerdan vagamente aún sabiendo que no volverá.
Crispín Bombay de las Indias y Tanqueray
Madrid, a 24 de Marzo del año de Dios del 2045.